"El más profundo nivel de adoración es alabar a Dios a pesar del dolor, agradecer a Dios durante una prueba, entregarse durante el sufrimiento y amarlo cuando parece distante...el error más común que los cristianos cometen hoy día es buscar una experiencia en lugar de buscar a Dios. Ellos buscan sentimientos, y si pasa, concluyen que han adorado. ¡Erróneo! De hecho, Dios frecuentemente quita nuestros sentimientos para que no dependamos de ellos. Buscar un sentimiento incluso si ese sentimiento es la cercanía de Cristo no es adorar. Cuando eres un bebé cristiano, Dios te da un montón de emociones para confirmar...pero a medida que creces en la fe, Él te arrancará de esas dependencias"(The Purpose Driven Life, Pg 107-109)
Y esto no es ni más ni menos que lo mismo que desde siglos atrás han enseñado los grandes místicos católicos, lo que movió a los mártires a afrontar los leones y la hoguera, lo que Cristo mismo nos enseña con el ejemplo desde la Pasión y la Cruz:
"Padre Mío. si es posible que pase lejos de mi este caliz pero que no se haga mi voluntad sino la tuya" (Mt. 26,39)
y después dice ya crucificado "Elí, Elí lemá sabactani que quiere decir Dios mío, Dios mío ¿porqué me has abandonado? (Mt.27,46).
Jesús acepta y adora porque esto que parece una queja no es otra cosa sino el primer verso del salmo 22 que termina con una maravilloso acto de confianza en la fidelidad de Dios, alabanza y adoración al Padre. Jesús es quien nos enseña a adorar desde el sufrimiento como expresión más alta de entrega y adoración.
Los católicos no están como algunos imaginan glorificando el sufrimiento o buscándolo. A los católicos el sufrimiento les gusta tan poco como a los evangélicos y a los no cristianos. A nadie le gusta sufrir, no somos masoquistas. Sin embargo no podemos negarnos al sufrimiento si se presenta, Cristo no se negó y, es más nos avisó que sufriríamos:
"En el mundo tendrán que sufrir, pero tengan valor yo he vencido al mundo" (Jn.16,33)
El sufrimiento para el catolicismo no es signo de debilidad, ni de falta de fe. Seguimos el pensamiento de Pablo: el sufrimiento aceptado es un medio de crecimiento y para glorificación de Dios:
"...sabemos que la tribulación produce la constancia, la constancia la virtud probada, la virtud probada la esperanza y la esperanza no quedará defraudada porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom 5,1)
"...alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración" (Rom. 12,12)
..."soportamos en nuestra propia carne una sentencia de muerte, y así aprendimos a no poner nuestra confianza en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos" (II Cor. 1,9)
"...tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librar , pero Él me respondió te basta mi gracia porque mi poder triunfa en la debilidad.(...) Por eso me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (II Cor.12,7-10)
Estoy seguro que muchos amigos evangélicos concordarán con nosotros, desde su propia experiencia que luego de haber atravesado una etapa de sufrimiento son ahora mejores cristianos. Esta es la acción purificadora del sufrimiento, porque nos perfecciona, nos configura más con Cristo.
Fr. Bob Bedard, fundador de Companions of the Cross, invita a que los católicos con toda su fuerza por salud cuando están enfermos y después nos invita a entrar en el misterio diciendo: "¿Pero qué pasa si oramos por sanación pero no somos sanados?....bien, esa es la Cruz."
Los católicos no le temen a la Cruz, la aman. Y es que Cristo nos invitó a cargarla por amor a Él. No hay verdadero discipulado sin cargar con la cruz, si así fuera este pasaje del Evangelio no tendría ningún sentido:
"El que quiera venir detrás de mí que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga" Lc.9,23
Para el catolicismo el sufrimiento es una forma de seguir al Maestro caminando por todos los pasos de su vida, incluso por la Cruz.
Algunos evangélicos piensan que la voluntad de Dios nunca incluiría nuestros sufrimientos. Pedro, en cambio, nos demuestra que los apóstoles consideraban posible el sufrimiento como parte de la voluntad de Dios:
"Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios..." IPe. 3,17










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