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Perdonar a otro por una profunda injusticia lleva su tiempo |
Entrevista a Robert Enright.( Extracto)
Zenit.
Robert Enright,
psicólogo, creó el Instituto Internacional del Perdón en 1994 con el fin de
aplicar años de investigación en la práctica del perdón. Es coautor de «Helping
Clients Forgive: An Empirical Guide for Resolving Anger and Restoring Hope»
(Ayudar a los clientes a perdonar: Guía empírica para Resolver el Odio y
Restaurar la Esperanza”), publicado por American Psychological Association
Books, 2000.
--¿Qué
efectividad ha tenido el perdón como terapia?
--
Enright: ha sido muy variada. Algunos grupos de investigación
obtuvieron excelentes resultados científicos con la terapia del perdón,
mientras que otros no.
Como afirma Richard Fitzgibbons en nuestro libro, una causa de los diferentes
resultados es el tiempo y el cuidado que el terapeuta dedica al paciente.
Perdonar a otro por una profunda injusticia lleva su tiempo
. Los
instrumentos de cura a menudo insisten en la terapia «breve», la cual no da
suficiente tiempo al cliente para recorrer el itinerario doloroso y terapéutico
del perdón.
Uno de nuestros proyectos de investigación, con Suzanne Freedman, de la
Universidad de Northern Iowa, era con sobrevivientes de incestos. Estas
valientes mujeres necesitaron mucho tiempo, en torno a un año, para perdonar a
quienes habían abusado de ellas. Valió la pena el esfuerzo.
Cuando comparamos el grupo experimental, que ha recibido terapia del perdón,
con un grupo de control que no la ha recibido, en el primero se reduce de
manera significativa la ansiedad y la depresión.
Aunque un año parece mucho tiempo, deberíamos
darnos cuenta de que algunas de las mujeres sufrían desórdenes emocionales
desde hacía 20 ó 30 años antes de perdonar.
--¿Qué pasos debe
dar una persona que desea curarse mediante el perdón?
Seguir el propio itinerario de perdón es otra razón del éxito observado en la
terapia del perdón. El doctor Fitzgibbons y yo ofrecemos un itinerario de
perdón, científicamente avalado en nuestra obra. Este itinerario es ampliamente
descrito en mi libro «Forgiveness Is a Choice» («El perdón es una opción»)
para el público en general.
En este itinerario, en primer lugar, las personas deben reconocer que han sido
tratadas injustamente, reconocer humildemente que esto les ha supuesto un
choque emocional y que están verdaderamente enfadadas.
A continuación, si desean empezar la terapia del perdón, deben explorar lo que
es perdón y lo que no es perdón. Por ejemplo, cuando las personas perdonan, no están condonando, excusando u
olvidando lo que han hecho contra ellas.
Pueden reconciliarse o no reconciliarse.
Perdonar es reducir el resentimiento y aumentar la benevolencia y el amor hacia
alguien que ha sido injusto. Esta es una opción personal, un acto de la
voluntad. Reconciliarse es para dos personas recuperar la mutua confianza.
Luego recomendamos que la gente se implique en lo que el doctor Fitzgibbons
llama «
perdón cognitivo». Son pensamientos de perdón y declaraciones
dirigidas a la persona que ha sido injusta. En ese estado, la persona no
necesita abordar al ofensor sino realizar este perdón cognitivo en su interior.
Parte del perdón cognitivo es pensar en la persona como un todo, sin definirla
sólo por sus pecados. Todos somos más que nuestras acciones. Somos vulnerables.
Al perdón
cognitivo sigue el perdón emocional, la apertura de uno mismo a la
compasión y al amor. Esto es difícil y puede llevar su tiempo. Algunas personas
en la terapia no están preparadas para este paso y merecen comprensión.
Para nosotros sigue siendo un misterio saber cómo crece en el corazón humano
esta compasión por quienes realizaron y realizan grandes injusticias.
Seguramente la gracia de Dios actúa en este caso, pero nosotros como
científicos no tenemos el lenguaje para describirlo plenamente. La ciencia es
limitada, al igual que los intentos humanos de comprender el misterio.
Más allá del perdón emocional, está la difícil tarea de «soportar el dolor» de
lo que ha sucedido. Quien perdona no puede hacer que el reloj vuelva atrás y
deshacer el daño, pero puede tomar la valiente decisión de aceptar el dolor y
ser un instrumento de bien para el ofensor.
--¿Qué ha
aprendido sobre los niños y el perdón?
Los niños parecen tener corazones cálidos y abiertos al perdón. Por
consiguiente, la educación al perdón es una posibilidad real para ellos.
Al mismo tiempo, pienso que a los niños se les puede desanimar a perdonar si
están rodeados por quienes ridiculizan o son indiferentes hacia el perdón. Por
consiguiente la educación al perdón es vital.
Hemos publicado recientemente un libro gráfico
infantil sobre el perdón, «Rising above the Storm Clouds» («Superar las Nubes
de Tormenta»), para niños de entre 4 y 10 años.
Hemos descubierto que niños tan pequeños como los de seis años, pueden aprender
sobre el perdón y de esta manera reducir la cólera excesiva.
--¿Qué consejo
daría a la gente sobre la práctica del perdón en su vida diaria?
Primero, el perdón es de Dios y no podemos pensar en el perdón como una técnica
psicológica más.
Esta es una enseñanza difícil en efecto, pero vale la pena esforzarse por comprenderla.
En segundo lugar, la gente que perdona necesita
saber qué es el perdón y qué no es el perdón. Perdonar es ofrecer amor
incondicional al ofensor. No es un acto de debilidad. Cuando una persona
perdona, debería buscar justicia. Si a uno le estropean el coche, puede
perdonar y al mismo tiempo presentar la factura de la reparación al causante.
Un punto importante es estar abiertos al misterio del perdón, sin tener en
cuenta el historial personal.
--¿Qué consejo
daría a quienes tienen especial dificultad en perdonar a los demás, como
quienes han perdido a sus seres queridos en los atentados del 11 de septiembre?
Perdonar a los demás no es algo puntual. Para muchos de nosotros, el perdón
supone un camino.
Esto requiere tacto y paciencia con uno mismo y tiempo.
Por eso, a quienes no pueden perdonar, les
pregunto: «¿Estás listo para explorar lo que es o no es el perdón?».
Esta pregunta no pide a nadie que perdone sino más bien examinar lo que es el
perdón.
Cuando una persona ya conoce las dimensiones del perdón, yo le pregunto: «¿Estás
preparado para examinar el perdón de la persona que te ha hecho daño, en su
forma más básica? ¿Deseas tratar de no hacer daño a esa persona?». Esta
pregunta no pide a la persona que ame al ofensor sino refrenar en sí misma lo
negativo, refrenar el deseo de hacer daño incluso de modo sutil.
Luego viene la pregunta: «¿Deseas el bien para esa persona?».
Esto
cambia el enfoque hacia lo positivo, hacia al menos un deseo, aunque no sea una
acción deliberada, el bien de otra persona.
Todas estas preguntas pretenden mover a la persona ofendida hacia una mayor cercanía
en el amor. Si aún rechaza el perdón, debemos comprender que su «no» enfático
hoy no es necesariamente la última palabra. Esta persona puede cambiar mañana.
--¿Qué proyectos
tiene entre manos el Instituto del Perdón?
--En la próxima década o en la siguiente,
trabajaremos con niños afectados por entornos de guerra y otros ambientes de
violencia, mediante programas de educación al perdón en escuelas, casas y
lugares de culto.
El perdón ha sido casi completamente ignorado por el movimiento pacifista, pero
sin perdón no hay paz duradera. Dado que lleva tiempo aprender y apreciar el
perdón, debemos empezar con niños para reforzar la probabilidad de que aprendan
bien la lección.
De manera que tratamos de convencer a los filántropos de que el perdón, centrado
especialmente en los niños, debe ser parte de cualquier esfuerzo en favor de la
paz.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-01-31










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